LANDSCAPES OF KAPADOKYA


Not many times in life will you be able to get as astonished by immense beauty as you will be if you visit the region of Kapadokya, in Central Anatolia. I traveled to Turkey with the intention of visiting Ankara, Kapadokya, Antalia and Pamukkale, but when I got in Kapadokya I felt like I was in a dream, and didn't want to leave... Everyday there were more things to experience... Fighting the cold while trekking to get to wide landscapes, dealing with a difference of 10 degrees (from 7 to -17º) in 10 days, sleeping in warm hotel caves, getting to countless fairy chimneys like in a fairy tale, facing arid and snowy pictures equally, being woken up by air balloons, finding old abandoned churches in every KM, ...

I got to Göreme, Kapadokya's main land, to stay for 3 or 4 days, and discovered there was so much more to see that is not said in travel guides and that common travelers or tourist have absolutely no idea whatsoever about. Soon I realized Göreme was the littlest thing to see in Kapadokya. And thus, my 8 magical Kapadokyan days started.


THINGS TO CONSIDER IF EVER GOING THERE:

1. Alternative trekking: I trekked from Çavusin to Göreme on my own. It is said you shouldn't do it because it is dangerous as the landscape is kinda the same all the time, but if you have a good sense of orientation (I don't, but my boyfriend does) it's the best excursion you can do (for free, no tourist, you take your time, it's easy, and you find 30 times what you find in Göreme Museum).

2. Ürgüp and Uçistar are the best views of the region. If you think you know what a castle is, wait until you get to these two places, they will rock your world, specially during the sunset.

3. Çavusin has the most special light on a sunset I have ever seen (and I have seen quite a lot).

4. Getting to an underground city, 58 flats, 80 meters... is something you can't imagine until you experience it. I fervently recommend the one in Derinkuyu.

5. You can't miss Ilhara Valley and dedicate as much time as it needs. Its vastness is eternal.

6. Don't doubt about it: Zelve is worth seeing.

7. There are small towns, like Mustafapaça, not very known by tourist, where you can visit many places related to Otoman/Bizantine/Christian/Muslim periods. They look more authentic, more humble and less affected by the tourism impact.

8. And the last but not less important! Don't miss Abanos for meeting the darkest and most romantic cafeteria you will ever know. By the river. A place I bet not many westerners had the possibility to be (we arrived to the town, and to the place because we were driving nowhere). Drinking a salep (hot drink made of whipped milk and cinnamon) with your love with a blanket on you, while having a romantic conversation in front of the river, watching the cold outside and being in a place that looks like Henry Miller's favorite spot for writing on a Sunday... feels like heaven to me.



I don't want to spoil your future trip, so here is a little of what I saw, but never all...

Abandoned Landscapes of Lights and Shades



“Hice un agujero en la pared, con la intención de ver la salida. Hace unas noches que no duermo, y me pregunto si esto le estará ocurriendo a alguien más. Frida Kahlo decía que no debíamos preocuparnos, que ella estaba ahí, que todxs estamos ahí... lxs desheredados, los outsiders. Me hace gracia esa palabra, outsiders, se refiere a personas que están fuera (de lo común? del sistema? del grupo o de ellxs mismxs?) pero en realidad solo nombra a un puñado de valientes desesperadxs dispuestxs a romper muros con el único propósito de vislumbrar un halo de luz”.


“La primera vez que se me apareció, huía; no sé muy bien de qué ni de quíen. Era como si no me percibiese, como si no supiese que yo estaba allí intentando entenderla, a ese pobre espectro, que parecía correr desesperadament en búsqueda de una salida, en aquella prisión de cristal, que, muy probablemente, ella sola se había construido”.




“No me gusta dormir en la calle. Me gustan los techos, estar entre paredes. Tal vez un vagabundo busque estrictamente lo contrario. Pero yo, yo quería vivir en una casa, pero no en la casa que querían ven- derme, sino en una a mi imagen y semejanza, para poderla considerar un hogar: un lugar lleno de líneas rectas y formas opresoras, un lugar sucio, un lugar viejo, un lugar frío, un lugar húmedo, un lugar roto. Un lugar dónde abandonarme, al abandono.”






Abandonado, da. (del part. de abandonar). adj. Descuidado, desidioso.

“Ningún lugar es perenne en su estructura. Lo que ocurre entre los muros de una casa, sí lo es. Queda ahí para siempre. Se convierte en parte del lugar. Se abadona al lugar. El lugar, abandonado, se abandona a la huella de quienes lo habitan; el amor que lo llenó un día, las peleas que lo embutieron. La rabia encerrada. La violencia contenida. La desdicha, alegría, el apego, la depresión, la liberación... Las victorias. Las derrotas. Todo, en el pasado. Todo atrás. Todo en el olvido. Todo, abandonado.”

LOUISE

Esta es Louise, uno de los personajes que llenaron de vida el libro "Abandoned: Dirty poetry from the forgotten places" y la cual terminé dedicando un capítulo especial. Aquí se citan algunos de los pensamientos de esta femme fatale que, más que de un oficio, hace gala de una actitud. Modelo: Doris García Vera.


“La gente. Ese colectivo del que todxs solemos sentirnos tan desapegadxs. Me dicen que soy un ser aberrante, por mi oficio, supongo. Al parecer es menos digno comer penes que limpiar retretes en hoteles o lavarle el culo a paralíticos. La gente... que no comete errores, que tan fácilmente se desentiende de las cosas. Que opina y balancea todo en función de sus intereses... Tan hipócritas todxs ellxs. Tan mentirosxs y tan brillantes en el arte de esconder lo que no es reluciente a simple vista. La gente de mente estrecha. Ineptos que me pagan por clavármela mientras observan las fotos de sus hijos en el retrovisor. Inútiles que se acuestan con sus maridos, sin tener las menores ganas de hacerlo, pero que los quieren ahí, atados, en sus camas, lejos de cualquier placer verdadero. Ellas, que querrían poder follar todo lo que yo follo; ellos, tan asquerosamente hijos de puta...”


“Hacía un frío infernal en aquel lugar, pero me gustaba. Ahí nadie podía verme. Era cochambroso y húmedo, pero bueno, a estas alturas, ¿qué parte de mí no lo era...? Lo llamaba ‘la oficina’, mi lugar de trabajo. Allí me desataba, me volvía otra persona. Ellos me ataban, me mordían, pasaban sus lenguas bañadas en tabaco por mi cuello...Me pedían cosas de lo más extrañas. Les chiflaba la violencia. Me agarraban la carne y la retorcían. Tenía la columna hecha mierda de que me estamparan contra pilares de cemento, todos lo hacían. A veces me sentía un animal. Me gustaba. No, me encantaba . La crudeza de las circunstancias me daban licencia para actuar de la misma forma. Yo también podía maltratarlos, la mayoría se dejaban bastante. Solían querer meterme la mano entera por cualquier orificio, sin preaviso, parecían adolescentes en celo. Dios santo, al final de la jornada los momento más asquerosos eran los únicos que dibujaban una puta sonrisa en mi cara.”


“No hay prejuicio más grande que el que unx se achaca a sí mismx. No hay incultura más desdichada que el no querer ver lo que unx tiene delante de sus ojos. No hay mentira más deshonrosa que la que unx construye por miedo a no ser amadx de nuevo”.

ABANDONED: DIRTY POETRY FROM THE FORGOTTEN PLACES.

Extracto del fotolibro sobre fotografía y composición que realicé a finales de 2014, titulado "Abandoned: Dirty poetry from the forgotten places".
"Desde pequeña tuve un deseo frustrado por los lugares abandonados. Mi padre me enseñó a buscarlos, a perseguirlos a encontrarlos, a recorrerlos. Mi búsqueda no ha llegado a su fin, supongo, entre otras, por el hecho de que jamás consigo dar caza a ninguno de ellos. Hay algo de esos lugares que siempre se me escapa, algo que nunca acabo de hacer mío. Es una parte que trasciende a este plano; debe serlo. Tal vez es la melancolía que evocan. La nostalgia. Esa soledad monocromática. El sosiego, y, muchas veces, estupor que provocan. Porque provocan...Estos lugares presentan todo tipo de texturas, formas geométricas, tonalidades y estructuras. No hay figura más completa y más artística en su totalidad, que un lugar olvidado en el espacio, en el tiempo, podrido en su humedad, alimentado en la leyenda, precario en lo arquitectónico. Un lugar que no se esconde, que se muestra, desnudo, sucio, abierto, roto, elegante y cochambroso al mismo tiempo. Visitado por algunxs marginadxs, odiado por lxs vecinxs, temido por lxs adolescentes, adulado por lxs románticxs... Pero, por encima de todo, entregado al abandono".
“Nunca antes me había sentido tan sola. Pegué un portazo y salí de casa. El ser humano se relaciona con otrxs porque necesita identificarse; yo decidí marcharme a un lugar que me recordara a mí misma. Esto es lo que encontré: rigidez, frialdad, una caída infinita hacia un suelo helado y duro como la realidad que yo creía habitar.”
“Un criminal halo de luz nos avisa, de forma incisiva, que la fiesta ha terminado. Los payasos se marchan. El confetti huele a humedad. Lxs sensatxs se refugian en una cama que legitimará su necesidad de cobijo, lxs empoderadxs plantarán cara a la luz del nuevo día. Nuevamente esa sensación de suciedad del alma, de tiranía hacia unx mismx, de límites sobrepasados. Expectativas vacías, entrecortadas; y ese sentimiento de que ya es suficiente aunque estás lejos de llegar al final. La noche ha quedado enclaustrada en cuatro paredes. La luz otorga al lugar un nuevo significado. El día nos asusta, como a murciélagos. Ese halo de luz nos avisa, de que estamos terminadxs. Este lugar, será nuestro refugio”.
“Decidí subir un par de pisos a ver qué ocurría. La gente suele hablar de trenes; mi abuelo utilizaba la metáfora del ascensor. Me decía que uno siempre tenía que ir hacia arriba, jamás descender ni un solo piso. Que daba igual lo que tardara en moverme del piso en el que me hayase, pero que no osara bajar, y que ni me atreviese a dudar qué botón apretar, ni un segundo. También me hizo saber que no era muy buena idea quedarse trabado entre piso y piso, que era el mayor acto de cobardía y que el hecho de verme allí atrapada, podría matarme. Yo solo pensaba en subir o bajar. Él me dijo que la mayoría de las personas suelen quedarse atascadas en el ascensor al menos una vez en la vida. Aprieto el botón del número 7, dos pisos más arriba. Ruido. Movimiento. Más ruido. Atascado. Ansiedad. Cuánta razón tenía.”
"LO ANTINATURAL DEL CAOS NO SE PUEDE PASAR POR ALTO".

Ocho Pecados Capitales

ORGULLO. Amo a este hombre. Me atraviesa el corazón. Me cuesta explicarlo. Siento que tiene todo lo que quiero, todo lo que necesito, todo lo que admiro en un ser. No me da miedo usar términos considerados anacrónicos, no me da miedo ser parte de alguien, de algo más grande que yo, no me da miedo dejar un poco de lado la individualidad para poder unirme al otro; no me da miedo... Míralo, qué ojos... Su piel... Cada arruga de su rostro es una marca de la sabiduría que emana y que me seduce hasta vaciarme en mí misma... Es una pena que tenga el ceño fruncido. Una lástima, que no entienda nada de lo que estoy pensando ahora mismo. Está enfadado, normal... Me habla y me argumenta su punto de vista de forma ordenada y meticulosa mientras yo ando aquí divagando sobre lo hermoso que lo veo, incapaz de pronunciar palabra, incapaz de decirle "lo siento". Dice que diga algo. Dios mío... ¿Dónde van mis palabras, cuando más las necesito? Me siento mal por lo que sucedió ayer, fue todo un malentendido, y, cualquiera podría entonar el mea culpa ahora mismo y terminar con todo esto. Su entrecejo dejaría de arrugarse, y toda la hostilidad de su expresión se desvanecería en esos ojos dulces de tierno mamífero que tiene... Pero me callo. Me callo porque siento hierro en la garganta. Me secciona la parte inferior y va apretando. Me ahoga, me constriñe. Me desgarra puro hierro afilado. Me corta cuando las palabras llegan a la parte superior, haciéndose paso forzosamente tras las salvajes heridas. Al llegar arriba del todo, siento la forma perfecta del objeto que me aniquila: unas tijeras se quedan clavadas en lo alto de mi pescuezo, atravesadas, impidiendo el paso del aire, de las palabras, pero también del reconocimiento, de la aceptación, de toda asertividad. Se me sobrecalienta el cerebro y la mirada; se me hiela la sangre y se me congelan las extremidades. No me muevo. No pienso. No siento. Me pregunta "¿Myriam, estás ahí? ¡Di algo! ¡DI ALGO!". Veo la desesperación en su rostro; la impasibilidad, en el mío. Está agitado; yo, impertérrita. No respiro. No soy dueña de mis palabras. No entiendo qué me pasa. No soy dueña de mí misma. Mi psique se disocia del cuerpo. Grito hacia adentro que lo siento, que aquéllo no tiene mayor importancia, le explico qué ocurrió, y qué me ocurre, una narración subida de tono pero fielmente explicativa; pero son gritos ahogados y desconsolados; hay dolor y hay llanto. Hay el frío, y el vacío. Lo que digo en mis entrañas es poderoso, estruendoso; pero no más que lo que me aprieta la garganta, ahora ya rendida ante la brutalidad de esta fuerza que puede conmigo.
GULA. Dicen que no hay nada peor que pasar hambre. Sé que no. Pero también sé que sólo hay una cosa que puede igualarlo: tener un hambre insaciable. Hambre de más, de mucho más. Hambre de tener más hambre, hambre de querer. De querer comer en restaurantes cada semana, viajar cada dos meses, ser la mejor de clase, ser la mejor en el trabajo, tener más amigxs, tener la casa más original, el vehículo más apropiado. La ropa que más tendencia crea, lxs hijxs más guapxs, más libros, ¡quiero más libros, no tengo suficiente! Quiero comer un buen entrante, un primer plato, así hasta arriba, y un segundo que me deje llenísima. Quiero un postre recio, muy dulce que me ahogue y me haga entonar "ya no puedo más". Quiero rendirme y entonces pedir un café para rematar la faena. Quiero quedar extasiada al ganar esta lucha contra el objeto devorado. Quiero más dinero, quiero ganar ese concurso. Quiero más cosméticos, menos arrugas. Más éxitos, y muchos menos fracasos. Quiero hacerme las cejas, el pubis, las piernas, el bigote, ¡aunque no tenga! Me tengo que teñir el pelo y pintarme las uñas. (¡¿Porque no me coloreo el alma, ya que estoy?!) Quiero estar con un hombre, y estar con muchos hombres, y también con alguna mujer. Quiero beberme el juicio, el viento, las emociones, la sangre. Quiero comerme la tierra que piso, las plantas y la carne, la violencia y la paz, tu departamento y mi casa. Quiero estudiar mucho, leer mucho, beber mucho, ¡tengo sed! Tengo sed de conocimiento, ¡me muero por saber y quiero ser sabia! Quiero saberlo todo para atacarlo todo y defenderme de todo porque quiero comerme el mundo y ¡el mundo es mi campo de batalla! Voy a comerme al enemigo, y voy a comerme al mundo para tenerlo todo, y para que no quede nada para nadie, para que todo sea mío. Devoro al mundo porque aquí dentro no hay nada, y me lleno... sabiendo que, una vez más, esta digestión llegará a su fin, al contrario que la sed y el hambre en cuyos ciclos me hallo, atrapada.
PEREZA. Me hallo aquí, presente. Introducida en mí misma, absorta en mi ser. Agoto cada segundo pensando en nada, sintiendo la suciedad que me envuelve. Noto las sábanas de mi cama agarrándome; no me dejan salir. El exterior se percibe helado, angosto, hostil. No hay motivo aparente por el que hoy debiera salir de aquí dentro; de mi cama, de mi cueva, de mí misma. A lo lejos oigo una voz, que yo sofoco para seguir mi letargo. Plácidamente. En paz con mi sistema nervioso. Dejándome seducir sin medida por la idea de dejar mi cuerpo inerte, aquí, presente, sin hacer nada.
AVARICIA. Es increíble... otra vez todo este embotellamiento. Por la mañana me fui así al trabajo. Vuelvo 12 horas más tarde, IGUAL. Día tras día. Qué hastío. Esta gente, mediocre, ineficiente, que va por el mundo ciega y sin ambiciones... Paralizando sus vidas, ¡como paralizan el tráfico cada día! Me enciendo un cigarrillo y enciendo la radio para evadirme de los cláxones del exterior. Inspiro... y vivo. Succiono el humo del cigarro, éste me consume, y me recoloco en el asiento más cómodamente. Hubo un día en el que no había embotellamientos, ni distancias, ni esperas, ni soledad, ni dolor de cabeza desde las cinco de la tarde... Tampoco había éxito, ni reconocimiento, ni personas trabajando para mí. No había tanta eficiencia, ni autoexigencia. No había propiedades, ni grandes automóviles, ni joyas, ni galas. Tampoco había horarios tempestuosos, incompatibles con el mundo real... Suena un claxon: debo avanzar. Bajo la ventanilla para lanzar al suelo mi cigarro, la subo y pongo la primera. Hubo un día, en que llegaba antes a casa y los atascos no me molestaban. Entonces no había muchas de las cosas que ahora hay; había otras, cuyo valor soy incapaz de calcular.
LUJURIA. Él es el amor de mi vida. Me abrió en canal nada más conocerme. Yo me abrí a él de todas las formas posibles. Cada noche, cuando vuelve a casa, la habitación ha alcanzado esa iluminación ocre y lúgubre que impregna las paredes de misterio. Para cuando él se acerca a la cama, yo ya estoy temblando. El anhelo no me deja respirar. Y cuando se sienta y empieza a acariciarme, sin pronunciar palabra, pero observándome minuciosamente, mis pulmones se expanden... Una energía celestial se apodera de cada rincón de mi cuerpo y me siento convulsionar. Encima mío, mirándome muy de cerca a los ojos, susurra unas palabras. Y resurjo... Me introduce la vida, lamemos el sabor de la victoria por habernos conocido. Nos apretamos fuerte, sintiendo cómo el alma se abre, cómo mi vagina se abre, mi cabeza se abre, y se va... pero vuelve. Él la sostiene y me pone boca abajo, después se va al armario. Al volver me dice que soy suya y me da la vuelta. Todo lo que puedo hacer es entregarme a la dureza de las cuerdas y a la ternura de las manos que las sujetan. Creer. Confiar. Renunciar.
ENVIDIA. El otro día vi pasar a alguien junto a mí. Su mirada se cruzó con la mía y me atrapó. No pude apartar mis ojos de los suyos. Desde entonces, no ha habido día en el que no haya pensado en ella. Quiero verla, quiero ser como ella. Quiero tenerla cerca para aprender. Quiero estar conectada a ella, vivir como ella, vivir a través de ella... Quiero su ropa, su pelo, su conocimiento, su forma de mirar, su olor, la forma que tiene de sonreír o de despreciar a la gente. Quiero estar cerca. Quiero estar lejos pero saber dónde está, qué hace, dónde come, de qué habla... Cuando sepa todo eso, seré como ella. Ella es mi mejor versión de mí, mi yo mejorado. Mi yo desyoizado. Mi celadora. Mis inseguridades a flor de piel. Mis miedos irracionales asomando la cabeza. El pudor ante la sociedad. Mi cuerda atada a la peor parte de mí misma intentando resurgir, falsamente, hacia la luz de una cueva de mugre, silencio y humedad...
RABIA. Cuando ocurrió todo eso lo único que quería era coger una ametralladora y salir a la calle. Tenía claro a quién buscaba y qué le haría. Traté de observar la dimensión de mis problemas muchas veces, desde todas las ópticas posibles, pero, por más que indagara, la conclusión siempre era la misma: yo había hecho bien poco para que las cosas se dieran como lo hicieron. No quise ponerme en la tesitura de víctima, eso es algo de lo que siempre he estado alejada. Pero era irremediable reconocer que mi rol era ése, dadas las circunstancias. Cuando sientes rabia, rabia real, el estómago se vuelve acero. Hay algo en tí que no te deja vivir. Te aprieta cada centímetro de cada vena de tu cuerpo, es asfixiante. La cabeza no para de girar alrededor de la misma idea, y todo lo que se te ocurre es destrucción, muerte, justicia sangrienta. El juicio queda nublado por ciertas ganas de acabar con el foco del problema, con aquéllos que te han causado dolor. El pensamiento, se torna obsesivo, queriendo buscar un porqué, un motivo, u otra posible versión que cuadre más con tus sentimientos... Uno se vuelve obsesivo, pensando cómo habrían sido las cosas si hubiera dicho que no a tiempo, si se hubiera apartado de ciertas personas unos años antes. Persigues la idea de lo que es y lo que no es justo, y ahí te quedas... tumbado en un suelo sin fondo, observando los matices, anhelando las respuestas, gritando entre muros creados, alucinando ante imposibles, esperando unos brazos que te sujeten para no acabar arrancándole las entrañas a alguien. Rozas la locura, la miras acercarse a ti, y te quedas inmóvil, haciendo nada para evitar que te posea...
SOBERBIA. Era un día de verano. Salí de la casa de campo para sentir la suave brisa de un día tan contrastado con los anteriores de esa misma semana. A lo lejos vi que la maleza se terminaba y empecé a caminar para ver qué se escondía tras ella. Ante mis ojos se abrió paso una enorme ciénaga. Me acerqué, sintiendo algo que recorría mi cuerpo, acariciándolo, sosteniéndolo en el aire y acompañándolo suavemente hacia el agua. Al asomarme, me embargó una sensación que tal vez no vuelva a conocer nunca más, porque la mujer más bella me esperaba en el fondo de la ciénaga. Sus ojos, con esa mirada psicopatizada que me atravesaba, imperturbables, estaban fijados en mí, y me ruboricé. Su cuerpo, emanaba una armonía impertérrita que fácilmente podía, incluso, llegar a ofender al otro. Sus manos, cubiertas de anillos de oro y piedras preciosas, se movían al ritmo de la naturaleza que la rodeaba. Su pelo colgaba por debajo de los hombros, y se enredaba con las algas en el agua. Su figura estaba difuminada entre el azul de la ciénaga y el brillo del sol. Me acerqué más para verla mejor... Para sentir su mirada de cerca. Sus ojos tenían cenefas, su piel era dorada. Di un paso hacia adelante. Su pelo, tejido con hilos de plata, parecía tan suave... que habría regalado todas mis joyas por poder tocarlo. Otro paso, y pude discernir las formas de su cuerpo, curvilíneas, exuberantes, drásticas y juguetonas; se movían levemente y me invitaban a conocer más... Para ese momento, yo ya no era yo. Yo era ella, vivía en ella, me veía a mí, acercándome más y más, como si fuera ella. Entonces, sacó de detrás un espejo de pan de oro y me habló con la mirada. Yo ya no era yo. Mi cuerpo me pesaba y se caía, y caía, y caía... Pero no encontró fondo alguno, al igual que ninguna de sus intenciones y devociones.

I miss Russia

Este es un extracto del primer trabajo de planos que realicé para la escuela. Más adelante hablaremos de las mujeres y el sufrimiento. Esta vez, en concreto, nos limitaremos a gozar de las imágenes porqué sí y nada más. Para contextualizar un poco, explicaré que hubo cierta inspiración a la hora llevar a cabo este shooting (de otra forma no habría sido posible), que se basó en tratar de recoger cierto atisbo de la siguiente esencia: la nostalgia de una mujer migrada, de Rusia, que, todo y tener cuanto necesita, sucumbe a la insatisfacción total, de no sentirse allá donde se encuentra. Mediante el acercamiento del plano, nos adentramos un poco más en cada fotografía, a la mujer de hielo que nos revela las facciones del dolor. Modelo: Doris García Vera.